Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


domingo, 17 de septiembre de 2017

Cuando el cielo nos cae encima.


Faltan un par de horas para anochecer en las Montañas de Burgos. Ha sido un día tranquilo este 5 de noviembre de 1180, la amenaza musulmana queda lejos y en Castilla reina Alfonso VIII. Se acerca el momento para retirarse a descansar en este otoño –no sabemos si benigno o frío- de Castilla Vieja.


Repentinamente: el infierno se desata. En la villa de Medina de Pomar arde una casa. Los vecinos corren a apagarla tratando de evitar que las llamas se expandan. Aterrados ven que sale humo -¡llamas!- de otras casas. No hay manos suficientes. Los atribulados villanos se reparten para apagar los múltiples focos. Ya es imposible sofocarlo. Abandonan Medina por las diferentes puertas y, con lo puesto, se encaminan hacia las poblaciones vecinas buscando las casas de amigos o parientes que les acojan.

Desgraciadamente no solo Medina de Pomar estaba ardiendo. Se veían más puntos rojos en el atardecer. ¿Cómo había podido extenderse así el fuego? ¿Han sido los judíos? ¡Esos deicidas! ¿O es que los moros que sobreviven en la comarca se han confabulado?

Las llamas han llegado a San Pedro de Tejada (Puentearenas), al Almiñé, a Incinillas y a Vivideces (¿?). Sus vecinos han salido de sus casas y ven fuego en un monte entre Posadas, y Villa Alta, y otro sobre la Villa de Sedano. Seguramente no sean los únicos lugares ardiendo.

San Pedro de Tejada

Aterrados por estos incendios generalizados los lugareños buscaron refugio en el agua y se dirigen hacia las orillas de los principales ríos, en especial el Ebro. Los fuegos continuaron durante ocho días.

Conjetura el cronista de Felipe IV, Alonso Núñez de Castro (Madrid, 1627-1695), con que “el elemento del fuego, desconocido de algunos en su centro sobre el aire, parece se había bajado a la tierra”. En su relato nuestro hombre del renacimiento duda de la veracidad del hecho pero le da un voto de confianza puesto que “parece no pudo dejar de ser verdadero, porque era mucho atrevimiento, cargare de la mofa de un mundo de hombres, que pudieran averiguar en contra”.

el Almiñé

Le generaba suspicacias el que surgiese repentinamente fuego –deduzco que sin tormenta eléctrica- y que los hombres no pudiesen apagarlo. Pero, aun así, lo cuenta porque aparece en un “Becerro” antiguo que permanece en el Hospital de Medina de Pomar. Pero, insiste, en que “le falta el apoyo de muchos autores de aquel siglo. Discurrir causa natural a una misma hora en lugares tan distantes, es echarse a adivinar: pudo ser que fuera castigo del Cielo, por algunos delitos de aquellos pueblos, que el fuego no le tiene Dios destinado solo para castigar liviandades de Sodoma”.

Pero… ¿Y si de verdad fue el fuego celestial? Entiéndanme, celestial en el sentido de celeste, no como adjetivo religioso. Puede –casi seguro- que lo que relata Alonso Núñez es la caída de un meteorito en Las Merindades. ¿Cómo se les queda el cuerpo?


Antes de nada, terminología:
  
Meteoroide: trozo de roca y metal que flota por el espacio.
Meteoro: el anterior, cuando entra en la atmósfera y se desintegra antes de tocar el suelo. Nuestras estrellas fugaces. ¿Pedimos un deseo?
Meteorito: meteoroides que llegan hasta el suelo.
Bólido: Masa mineral en ignición procedente de la disgregación de los asteroides o de algún cometa, que atraviesa rápidamente la atmósfera y suele estallar en pedazos provocando la caída de aerolitos o fragmentos.

Vale. Pero, ¿el fuego? Bien, aclaremos que los meteoriodes al entrar en la atmósfera pueden llevar una velocidad de hasta unos 70 km/s. Esto hace que el gas frente al meteoro se comprima y aumente su temperatura hasta el punto en el cual su superficie se funde. Así se produce una disipación en el aire de los materiales y del calor porque queda expuesto el interior, más frío, del objeto.

Entonces, ¿permite la temperatura final que se incendie un territorio? Tendremos en cuenta diversos factores como su tamaño, su temperatura inicial, el material del que está compuesto o su velocidad. Claro que esto no es concluyente. Personas que han estado junto a un meteorito cuando había caído declararon que estaban calientes al tacto. ¿Tanto como para provocar incendios? No uno aislado fruto de la casualidad sino generalizados en una amplio área.

Pues… ¡Un meteorito se cargó a los dinosaurios, con que algo hará al caer!


Los meteoritos pequeños, que son más frecuentes que los grandes, suelen producir cráteres insignificantes y pocos daños. El meteorito de Carutha Barnard, de Claxton(Georgia), que mide 10 centímetros de largo, deformó un buzón antes de quedar enterrado en el suelo a una profundidad de 28 centímetros. Sin quemadura. Y, es que, tienen poca masa, se frenan al penetrar en la atmósfera y no caen ardiendo.

Pero, aun así, hay noticias que afirman que algunos incendios han sido provocados por meteoritos. Como es el caso que relatan diversas noticias publicadas como este caso de www.orihuela.info el uno de enero de 2016:

“Sobre la 1 de la madrugada, los vecinos de la Senda del Obispo se han visto sobresaltados al estrellar en su calle un objeto desconocido y ardiente que ha provocado un pequeño incendio. Según relatan testigos presenciales se veía una bola blanca la cual, a medida que se iba acercando a la tierra en dirección al centro comercial Ociopía, se iba poniendo cada vez más roja hasta que colisionó con la tierra en la Senda del Obispo y provocó un pequeño incendio en un cañizal que afectó a una de las viviendas, teniendo que intervenir los bomberos. Se desconoce todavía de si se trata de algún pequeño meteorito o simplemente es otro resto de basura espacial, algo que ya viene siendo cada vez más común”. Claro que hace casi 840 años no habría mucha basura espacial.

Otra de www.diarioinformacion.com del 12 de enero de 2016:

“Una misteriosa bola de fuego causa un pequeño incendio en Orihuela. Un policía fuera de servicio graba la caída de un objeto incandescente del cielo que causó un incendio junto a unas viviendas en Orihuela”.

E incluso en www.periodismoalternativoblog.wordpress.com en septiembre de 2015:

“El pasado 1 de setiembre (2015) varios residentes de Córdoba, Argentina reportaron que una luz blanca cayó del cielo causando incendios en la zona. Pobladores de la localidad de Tránsito, en Córdoba, aseguraron ayer que en la zona cayó un meteorito y provocó incendios en un campo.

El incidente se produjo en ese pueblo de unos cuatro mil habitantes situado a unos cien kilómetros al este de la capital provincial. Natalia Campos, jefa del cuartel de bomberos local, que estuvo a cargo del control de los incendios de la zona, dijo que varios de los habitantes aseguraron que las llamas fueron provocadas por “una luz blanca” que cayó del cielo. “Hay gente que ha visto como una luz, la gente dice que cayó como un meteorito”, expresó Campos a la prensa.

Por otro lado, admitió que otro foco que tuvieron que apagar en la misma noche podría ser adjudicado a un incendio intencional, como los que habitualmente ocurren en la zona, aunque relacionó el incendio principal con el fenómeno que denunciaron los vecinos”.

Con lo cual podría haber sido posible que cayesen unos cuantos meteoritos en Las Merindades.

Zona de impacto reseñadas en el Becerro

O, no.


Bibliografía:

“Crónica de los señores reyes de Castilla don Sancho “el deseado”, don Alonso VIII y don Enrique I” por Alonso Núñez de Castro.
“Apuntes descriptivos históricos y arqueológicos de la Merindad de Valdivielso” por Luciano Huidobro Serna y Julián García Sainz de Baranda.
 “¿Por qué son importantes los meteoritos?” Por Jesús Martínez-Frías. Revista Muy Interesante.
“Apuntes sobre la historia de Las Merindades antiguas de Castilla” por Julián García Sainz de Baranda.
www.Ciencia de Sofa.com




Anexos:

Alonso Núñez de Castro (Madrid, 1627-1695) fue un historiador español, cronista real de Felipe IV de España.

El título de una de sus obras dio origen a una expresión tópica: Solo Madrid es Corte (de título completo Libro histórico político: Sólo Madrid es corte y el cortesano en Madrid, 1658). De su tarea como cronista destaca la continuación de Corona gótica, castellana y austríaca, que había iniciado Saavedra Fajardo ("dividida en quatro partes",1 "segunda parte", 1671, "tercero tomo", 1678). Se le reconoce la amplitud de fuentes utilizadas.

Como corresponde a la retórica barroca, algunos de sus títulos son particularmente rebuscados, aunque su estilo ha sido calificado de "pedestre": Espejo cristalino de armas para generales valerosos, de desengaños para cristianos príncipes (1648), Séneca impugnado de Séneca en cuestiones políticas y morales (1651), Vida de San Fernando el tercer rey de Castilla y León, ley viva de príncipes perfectos (1673).



domingo, 10 de septiembre de 2017

El balneario de Corconte (Las Merindades, por poco pero Las Merindades).


Esta semana nos vamos a tomar las aguas en un balneario de los clásicos y, a diferencia de las otras veces que hemos tocado el tema, este sigue en funcionamiento. De hecho, es el último balneario de Burgos. Aunque en guías del siglo XIX, e incluso del siglo XX, figuraba como de la provincia de Santander. En fin. Lo que no sigue en funcionamiento es un conjunto de edificaciones situadas en la otra margen de la carretera a Reinosa. Está solo.

Pantano del Ebro

Al circular por esta carretera nos encontramos con un robusto edificio de principios de los años veinte y cercano al pantano del Ebro de cuya avaricia se libró por poco. Solitario, como si su aislamiento fuese parte de las virtudes salutíferas de sus aguas.


La leyenda cuenta que un carretero de los que hacían el camino entre Reinosa y el puerto de Santander decidió “jubilar” uno de sus caballos dejándolo en aquellos parajes. Tiempo después descubrió que la bestia había recuperado vigor tras beber las aguas de un desconocido manantial. La realidad habrá sido más prosaica, seguro. Su antiguo nombre era el de “Fuente Salada” y emergía a una temperatura de 10-11 grados celsius en la ya inexistente llanura de la Vilga o Virga. Surge con un caudal que ha oscilado entre 100 y 450 litros/minuto. Más datos: el agua de Corconte es un agua de mineralización débil; brota en condiciones extremadamente puras y asépticas; a una altura de 837 m; Contiene en hasta 24 elementos, que hacen de ella un marcado agente terapéutico. Esta agua se recomendaba para Herpetismo, escrofulismo, litiasis renal, Arenillas, cálculos vesicales o cistitis crónica. Son unas aguas que están caracterizadas por el predominio de iones sodio y, hechas pruebas en días posteriores a la ingesta, se percibía una reducción de urea en sangre y orina.

El pantano desde los jardines

Con estos mimbres se buscó atraer a los “agüistas”. ¿Quiénes? Los que transitaban por zonas termales en busca de una curación a una enfermedad –real o imaginaria-. Un individuo que necesitaba alimentarse, vestirse, trasladarse y divertirse. En Corconte, además, obligado al no haber nada en el contorno.


Pero esa perspectiva es muy de finales del siglo XIX porque en el siglo XVIII pocos balnearios disponían, siquiera, de edificaciones especializadas para los baños. Fue en ese tiempo cuando se manifiesta el interés del estado por el control de la sanidad, lo que afectó también a los balnearios, ya que reglamentó su actividad. En 1816, durante el reinado de Fernando VII, se redactó el primer Reglamento de Aguas y Baños Minerales al que siguieron otros que regularon la intervención de los médicos con competencia y autoridad en los asuntos concernientes a los balnearios.


Esta importancia económica y social del balneario hizo que los arquitectos más prestigiosos intervinieran en la construcción de las principales casas de baños. Esta situación se disparó durante la época isabelina (Isabel II tomaba las aguas en Ontaneda) gracias a las sucesivas desamortizaciones que liberaron zonas termales en manos del clero y de los municipios; la progresiva industrialización y mejora de los transportes; y los conocimientos médicos del momento. Surgirán nuevos proyectos de construcción o de renovación de los balnearios existentes donde invierte capitales la burguesía urbana.


Si nos fijamos en Corconte descubrimos que sus aguas ya eran reconocidas a finales del siglo XVIII y que en 1850 recibía numerosos enfermos de Santander, Burgos, Palencia, Valladolid y León.


Y, es que, en la España de 1851, se estimaba en 60.000 los enfermos que habían acudido a balnearios y en más de 30.000 la cantidad de acompañantes distribuidos entre los casi ochenta y cinco balnearios con dirección médica. En 1892, los 152 balnearios abiertos en ese año llegaron a albergar a 150.000 agüistas.

En esta ola se había subido nuestro manantial “fronterizo” que de propiedad del pueblo de Corconte pasó a manos de un particular –entiendo que en alguna de las desamortizaciones decretadas- que lo vende en 1878 a una sociedad de Santander, propiedad de Francisco Martínez Conde. Adquiría un modesto establecimiento que le obligaría a invertir en su mejora.


Se diseñan varios edificios: una galería con doce habitaciones situadas a derecha e izquierda, destinadas a cuartos de baños, aparatos hidroterápicos; un depósito de aguas; y la fuente. Cada cuarto de baño tuvo una pila alimentada de agua natural y caliente, además, dos de estas habitaciones fueron destinadas a baños locales y duchas de diferentes formas como un baño familiar capaz para seis individuos y destinado a clases humildes. También se dispuso una sala de inhalaciones.


Para la fonda se creó un edificio de tres pisos que comunicaba con la galería. Los pisos superiores disponían de cincuenta y cuatro habitaciones dobles; en el piso bajo estaban situados el comedor, salón de reuniones y lectura, la administración y la cocina principal. Seguido de la fonda había otro edificio destinado a aquellos que solo reservaban la habitación. Para ellos estaba la tienda del otro lado de la carretera, junto a la cochera.

Área del primitivo hotel

Ese mismo 1878, en un folleto, se clasificaba las aguas "como clorurado sódicas, sulfurosas, frías de variedad ferruginosa". Empleadas ingeridas o en baño para "combatir las enfermedades de las vías urinarias, artritismo, cólicos nefríticos, diabetes, arenillas, ácido úrico y cálculos". Demostrar y controlar la calidad de las aguas, "eminentemente diuréticas" como rezaba su eslogan, se convierte en una necesidad imperiosa. También aquí se resalta el respaldo de médicos de prestigio, como el Dr. Gregorio Marañón. Diremos a favor de los propietarios que desde 1880 existió un laboratorio en la galería. Señalaremos algunos de los directores médicos del balneario: Tomás Peña (1885), Remigio Rodríguez Sánchez (1888); José Morales (1890); T. Santos Revuelta (1917); o Barrado Herrero (1922).


El señor Martínez Conde sabía que un manantial de calidad reconocida junto a la construcción de un buen balneario con instalaciones hidroterápicas y hoteleras bien equipadas, amén de ciertas condiciones de clima y situación atraían una clientela acomodada y un alto volumen de negocio.


Pero no solo eso. El centro debía estar bien comunicado. Por ello se informaba en los catálogos y panfletos de cuáles eran las estaciones de ferrocarril cercanas -del Norte de Reinosa, donde paraba el tren rápido Madrid-Santander; Bilbao-Valmaseda-La Robla, en Soncillo-; del buen estado de la carreteras; y de la existencia de servicio diario de coches. Dos horas se tardaba en realizar en coche de caballos aquellos 24 Kms. de Corconte a Reinosa en el citado 1878.


Con el cambio de siglo se consolida un nuevo tipo de usuarios que no eran necesariamente enfermos y que surgía gracias a los cambios sociales del momento, a la aparición del veraneo, a la mejora de los tendidos ferroviarios y a la adecuación y modernización de las instalaciones hidroterápicas. Recordemos que las guías ferroviarias referían los balnearios de sus zonas, las formas de llegar y la temporada de baños. Por ejemplo, en 1917 una de ellas fijaba la temporada de Corconte entre el 15 de junio y el 15 de septiembre y en 1931 del uno de julio al treinta de septiembre.

Capilla del Balneario

¡Y entra en escena un nuevo propietario! El actual balneario surge gracias a Juan Correa López, pudiente empresario santanderino con intereses navieros. Su esposa, doña Blanca, recorría balnearios por Europa para mejorar su salud y la recuperó en la casa de baños de Corconte que hemos descrito arriba y que parecía no ajustarse a las necesidades del siglo XX. Ante esta situación en 1890 se levanta el primero de los edificios del actual balneario y se busca colocarlo entre las preferencias de los agüistas porque la competencia es mucha. El máximo número de establecimientos balnearios en funcionamiento en España se produjo entre los años 1885 y 1920. Por ello, las empresas explotadoras mejoran sus servicios para proporcionar actividades atractivas que permitirán aumentar y consolidar la asistencia de los agüistas.


En el parque del balneario de Corconte dispusieron dos pistas de tenis, un campo de croquet, frontón, tiro y una bolera montañesa. La cuadra propia alquilaba caballos para pasear o para hacer excursiones. En el interior del Gran Hotel se dispuso sala de billar, sala de conciertos, cinematógrafo, salones de fiestas, peluquería... La vajilla inglesa y la cubertería de plata estaban presentes en las mesas. Una orquesta tocaba en el comedor durante los almuerzos; por la noche, al concluir la comida, se pasaba al salón y los músicos amenizaban veladas y fiestas.


Los agüistas pudientes que se movían con enseres y criados y pasaban largas temporadas en los balnearios. ¡Que le pregunten al presidente Maura por Corconte! Pronto hubo que ampliar el centro y en 1920 se levantó el palacio de piedra en estilo regionalista que hoy observamos. El Gran Hotel de Corconte se levantó según planos de Valentín Ramón Lavín del Noval y se inaugura en 1922. Las más de cien habitaciones se dotan de "confort moderno": electricidad, agua corriente caliente y fría, y algunas habitaciones con baño. Un día de estancia con pensión completa costaba 24 ptas. por persona. Tiene capilla y el nuevo edificio queda adosado al viejo "hotel de la Fuente", relegado ahora a hotel de segunda que cuesta 13 ptas. por persona y día. En el pueblo de Corconte, casas particulares alojan a "clases más modestas", percibiendo de 5 a 9 ptas. por persona. Se nota el clasismo imperante en aquellos tiempos.

Es entre los años 1922 y 1936 cuando Corconte alcanza su época dorada. Al otro lado de la carretera se sitúa la vivienda del encargado; el personal temporal llega de los pueblos de alrededor.


Los clientes de relieve abundaban. Durante sus estancias en Santander, Alfonso XIII visitaba ocasionalmente Corconte. Don Antonio Maura y su esposa Constanza pasaron más de 25 veranos, llegando a celebrarse aquí consejos de ministros.

La Guerra Civil dejó el balneario de Corconte muy cerca del frente. Y, como en muchas otras partes de España, la rabia, el odio y la falta de la ley se desató con toda su crudeza. La primera víctima de ello fue Sanjurjo, "el hijo de". Todo empezó el 19 de julio, a media tarde. En el balneario teníamos 18 Guardias Civiles más la pareja de servicio. En la madrugada siguiente llegó un grupo de milicianos para analizar la situación y, más tarde, aparecieron varios camiones repletos de milicianos desde Reinosa. Los comandaba Miguel Aguado Cadelo, jefe de la Guardia Municipal local, y su lugarteniente, un guardia de seguridad apodado "el Andaluz".


Mientras negocian la rendición de los Guardias Civiles, el capitán Justo Sanjurjo Jiménez, vestido de uniforme, se fuga hacia territorio nacional. Lo capturan en la bifurcación de la carretera hacia Santander. Lo montan en un coche y se lo llevan hacia Reinosa. Cuando pasa frente al Balneario, el capitán se arrojó del coche hiriéndose en la cabeza. El médico trató de curarle con la mayor lentitud posible para dar tiempo a que se marcharan los milicianos y facilitarle la fuga pero esperaron al paciente. Los milicianos se negaron a su evacuación al Hospital Valdecilla de Santander (era perder la presa). Junto a su esposa, Concepción Comyn, fue trasladado al Hospital de Reinosa. Ella permaneció detenida en un hotel de la población.


El periódico “El día de Palencia” comentó que el herido permaneció hospitalizado durante quince días hasta que Enrique Anaya (¿quién?) lo asesina. Informado del asunto el comandante de la plaza, el teniente Jambrina del Cuerpo de Asalto, informa a sus superiores. Se exhuma el cadáver y se encuentran tres balazos: dos en la cabeza y uno en el pecho.


Dicho esto, volvemos al edificio. Fue saqueado pero su propietario lo reabrirá el mismo 1939. El primer año de la guerra, como habrán entendido, lo pasó en el lado republicano ejerciendo de Cuartel General de diversas unidades. Y de blanco de los llamados Nacionales. Caído el frente Norte lo ocuparon los italianos que colocaron un cementerio de sus soldados. Por lo menos no devino en hospital de sangre o sanatorio. El mayor destrozo lo hizo un general del C.T.V. italiano que se encaprichó de una de las monumentales chimeneas que decoraban los salones y la envió a Italia.

Balneario de Corconte con tropas italianas

Debemos señalar también el paso por el lugar de Guglielmo Sandri quien, formando parte de los voluntarios italianos, fotografió muchos de los lugares en que estos estuvieron, incluido el balneario de Corconte. Su legado forma parte del archivo de Bolzano Alto Adige en Italia.

Cementerio de Italianos

Gracias a Dios Corconte no acabó convertido, tras la guerra, en un convento, seminario, abandonado y arruinado o –peor- hospital de tuberculosos. Ya no se podían mantener esos grandes balnearios. Serán las botellas de “agua de Corconte” las que ayudaron en los tiempos duros a mantener la casa de baños. Pensemos en la calidad medicinal del líquido que estaba en las farmacias,  que fue declarada de Utilidad Pública en 1883 y que se llegó a vender en Cuba, México y Filipinas. Como dato curioso, o pintoresco, diremos que el precio neto de venta al público, de una botella en 1942 de un litro era de 1`90 pesetas y el importe del envase a reintegrar solo 0`80 pesetas. ¡Como para no reciclar!

Menú firmado por Ciano

El 13 de Julio de 1939, el conde Ciano, ministro de Asuntos Exteriores de Mussolini, fue agasajado con una comida en el balneario de Corconte cuando vino a la inauguración del cementerio de italianos del puerto de El Escudo.

Salón del balneario

En la posguerra el balneario comienza a decaer, aunque mantiene su nivel de lujo; como curiosidad, se puede mencionar la estancia de las nietas de Franco acompañando a un familiar. Se mantienen ciertas normas (una pareja de la Guardia Civil hace guardia en verano), pero la orquesta se reduce a un pianista.


El pantano del Ebro alterará el paisaje y el clima pero se salva el edificio y parte de su finca. Ahora tenía playa. Por los pasillos pueden encontrarse fotos del antiguo hotel, de vehículos y bañistas, de los visitantes destacados; menús, etiquetas y botellas antiguas, cartas autógrafas de los doctores Marañón y Cifuentes, del conde Ciano, el plano de Lavín del Noval…

El presidente Maura entre amigos en Corconte

Hoy sigue perteneciendo al mismo grupo familiar que hace casi cien años.


Dedicado a Zoe, Ana y Aitor. 

Bibliografía:

“Balnearios y aguas termales en Campoo” por Encarnación-Niceas Martínez Ruiz en Cuadernos de Campoo.
“Una parada en el tiempo” en Cantabria negocios por José Ramón Esquiaga.
“Historia de los balnearios en España. Arquitectura - patrimonio – sociedad” por Josep Sánchez Ferré (Arquitecto asesor del ministerio de fomento).
“Burgos en el recuerdo 2” de Elías Rubio Marcos.
www.Webnovias.com
www.Balneariosconencanto.net
www.Abalnearios.com
Historia de la psicofarmacología, Volumen 1
www.Balneariodecorconte.es
Boletín Oficial de la provincia de León.
Guía descriptiva de los caminos de hierro del norte de España.
Memorias de las aguas minero-medicinales españolas (siglos XIX y XX)” de Juan Antonio Méndez Aparicio.
Periódico “El Globo”
“Las aguas minerales y las enfermedades” por el doctor Isaías Bobo-Díez.
“Cuatro derroteros militares de la Guerra Civil en Cantabria” por José Gutiérrez Flores y Enrique Gundín de la Lama.
Periódico “El día de Palencia”.
Periódico “La Voz”
“El metabolismo de la urea bajo la influencia de ciertas aguas minerales” tesis doctoral de Francisco García-Bermejo Luna (1929).
“Guglielmo Sandri en Las Merindades. La guerra Civil tras la cámara del teniente italiano” de Carlota Martínez Sáez y otros.
“Relaciones entre el patrimonio y el desarrollo turístico. Burgos 1900-1939”. Tesis doctoral de Montserrat Espremans Baranda.
Archivo Provincial de Bolzano.



Para saber más:






domingo, 3 de septiembre de 2017

“¡A las armas que son los nuestros!” o una disputa guerrillera en Medina de Pomar


Estamos en 1810, a principio del verano, un verano alejado de cualquier alegría a causa de la guerra patriótica que estalló en mayo de 1808 para salvar el honor y la honra de aquella España desmadejada y malvendida. Los imperiales machacan a las fuerzas hispanas y buscan reembarcar a los ingleses que pululan por España y Portugal. Por si fuera poco, en la América Española ha prendido, definitivamente, la llama de la emancipación lo que obliga –irónicamente- a destinar tropas y dineros a su extinción y se pierden los capitales que se recibían de allá.


El ejército napoleónico de Portugal consta de 125.000 soldados situados en el eje Irún, Burgos, Valladolid a Salamanca. Frente a ellos tenemos restos de unidades del ejército regular de poca efectividad y peor imagen. Sólo las tropas de Wellington pueden enfrentarse a los franceses. Un total de 320.000 soldados “azules” contra 190.000 “aliados”.

¿Qué nos salvaba de la quema? La flota de “la pérfida Albión”, como diría Pérez-Reverte, y entre 35.000 a 50.000 guerrilleros que inmovilizaban fuerzas imperiales; entorpecían las comunicaciones con París; y minaban recursos y abastos. Contra ellos el general Dorsenne, jefe del extenso 5° gobierno militar de Burgos, organizó ocho columnas móviles compuestas cada una de 200 caballos ligeros y 600 soldados jóvenes (los veteranos eran muy valiosos) combinadas de forma que dos o tres de ellas pudieran siempre unirse.

Casa de Medina de Pomar (2012)

Y, esta ventaja, la guerrilla, era también un problema: multitud de pequeñas partidas poco eficientes. Las autoridades hispanas necesitaban someterlas a la autoridad “legal” y concentrar sus operaciones militares para que dejasen de correr como pollos sin cabeza. Había que designar jefes guerrilleros.

Pero eso no iba a gustar a todos…

Aunque a Francisco Tomás de Anchía y Urquiza (alias Longa) esa parte sí: el general Mahy le nombraba Comandante Subalterno del Corso Terrestre. En su partida había patriotas alaveses de origen civil; muchos desertores imperiales (alemanes e italianos que recibían un estipendio por desertar); guerrilleros de partidas absorbidas; militares españoles desperdigados; y parientes del jefe: dos de sus cuñados (Pedro y Vicente Tros de Harduya); su primo el clérigo Miguel de Urquíza; su hermana Ramona y varios primos Anchías… Al antiguo herrero le hubiera gustado aumentar su fuerza con levas forzosas de gente de Las Merindades, Valdegovía y llanada alavesa pero los pueblos se oponían y él no disponía, todavía, de suficientes armas y munición.

Para hacerse valer ante el general Mahy se centrará en la captura de correos, lo que hoy llamaríamos labores de inteligencia… pero a tiros.

Juan Díaz Porlier

La partida –como ya hemos señalado- empezaba a tener un tamaño respetable pero esto la hacía más vulnerable y necesitada de recursos. Claro que, en contrapartida le permitía a Longa sobrevivir en el disputado mapa de los “señores de la guerrilla”. La zona alavesa ya estaba expoliada por unos y por otros y Longa necesitaba un refugio más alejado de las guarniciones francesas.

Se trasladó al triángulo formado por Medina de Pomar, Villarcayo y Moneo que será su cuartel general hasta su marcha en junio de 1813 (¡dos años!). Eligió bien: es una zona protegida por montañas y cañones. ¡No parecía haber cambiado nada desde la invasión mora! Además está entre Burgos, Vitoria, Bilbao y Reinosa, ciudades con fuertes guarniciones francesas. Y desde los cuales se lanzaron numerosos ataques contra la partida de Longa. Pero no todo eran las virtudes militares del sitio: en la zona estaban las salinas de las villas de Poza de la Sal y Salinas de Rosío que fueron la principal fuente de financiación de la partida. Y fuente de roces político-económicos sobre la merma o sustracción de sal.


En estos momentos muchos de los miembros de la partida no procedían de la zona, Las Merindades, y ni los guerrilleros ni Longa tenían condicionantes para refrenarse. Con la autoridad que le confería Mahy obtenía de los civiles las raciones y fondos para la vida, organización y combate de su guerrilla. No había otra ley que la de Longa. Les repito: era un señor de la guerra.

Pero debía engrasar a sus superiores nominales y así en sus envíos de correspondencia no se olvidaba de agasajar al general Mahy. Incluso mediante el envío de un militar francés de alto rango capturado en la emboscada del once de junio que ejercía de correo. Y de pedirle equipamiento bélico.

Longa sembraba para su futuro, por si acaso. Y ese “acaso” parece que había llegado. Había nubarrones procedentes del cuartel general de Galicia en el horizonte militar del herrero. El brigadier Porlier recibió de Mahy la orden de agrupar las partidas existentes en unidades superiores. De Porlier derivó al coronel De La Riva, que era el jefe de los Húsares de Cantabria, quien se entrevistó en Medina de Pomar con Longa. Al vascón no le hizo gracia el asunto y, acordada la cita para el día siguiente, aprovechó la noche para dar plantón al coronel. Hubo escusas aceptadas pero…


Francisco de Longa recibió una carta enviada por Campillo informando que Juan Díaz Porlier le había ordenado que arrestara a los Cuevillas. ¿Y eso? Pues era debido a que estos habían capturado a un oficial de Campillo. Longa se puso en marcha para cumplir la orden: el dos de julio los invitó a merendar en Medina de Pomar. Y, confiados en el herrero, les apresó.

Para redondear la jugada se apoderó de la infantería de la partida que eran unos 150 hombres (incluidos 65 alemanes). Con ellos logró 10 franceses prisioneros. Campillo pidió al vizcaíno que retuviera a los Cuevillas allí y que él acudiría a Medina a recogerlos al día siguiente. Quien dice “al día siguiente” dice cuatro días.

Al controlar la partida de los Alonso Cuevillas, mayor y menor, Longa inventarió lo que éstos traían. Por otro lado, y dada la situación, corrían rumores de que se iba a arrestar a Francisco de Longa. Por ello, este mantenía a su partida armada a las afueras de la ciudad.


Así, cuando Campillo llegó a la villa, “puso su tropa de infantería y caballería en el campo de San Andrés a la salida del Camino real de Laredo”. Los del vizcaíno vigilaban desde el otro lado del río Trueba. Frente a frente por espacio de dos horas. Longa se reunió con Campillo, los Cuevillas y otros oficiales para hacer entrega de lo inventariado y tomar un refresco en la casa de Antonio Sainz, su residencia accidental. “Corno se pusiera algún reparo por el citado Campillo en el recibo de las chaquetas, paños y lienzo, por echar de menos algunas de aquellas, se le indicó por el indicado (sic) Longa, que entre amigos no había de verificarse disputa ni quimera y que por lo mismo estaba pronto a satisfacer y pagar las que faltaban [...] y aunque por algún tiempo estuvo indeciso Campillo a las propuestas de Longa, por último resolvió el hacerse aquel cargo y caja de todo”.

La discusión continuó en la calle y Campillo “con mayor vileza se producía diciendo le faltaban tres hermanos y un tambor, a lo que el referido Longa, con mucha prudencia le contestó, ahí los tendrá o estarán en la prevención [...] pero Campillo sumamente enfadado profería diciendo, malditos sean los comandantes y malditos los soldados que no le querían obedecer, y maldita sea la Virgen, con expresiones feas, y cogiendo una pistola de su cinto, profería que se iba a matar con ella. Algunos de los oficiales le instaban y rogaban diciendo montase a caballo”.


Campillo salió por el arco de la muralla a todo galope, montado en su caballo blanco y, apeándose, sacó el sable y gritó: “Así viva Dios, este pícaro, carajo, puñetero, esta tarde me la ha de pagar” y dio orden a sus hombres de sacar las armas.

Llegó, entonces, a Longa la noticia de que uno de sus hombres había sido desarmado por el asistente de Campillo que le intentó también arrebatar el caballo, defendiéndose aquel con dos piedras. Unos alemanes de Longa fueron tras el asistente de Campillo y, en el tumulto, hubo disparos. Tras la algarada, Longa persiguió con su partida a la de Campillo, y gente de Cuevillas, cogiendo prisionera a casi toda la infantería.

¿Resultado? Longa sumó 62 alemanes y 60 españoles de los Cuevillas a su partida. Los hombres de Campillo después de un tiempo fueron liberados, la guerrilla de los Cuevillas desapareció, temporalmente, y Francisco de Anchía enseñó los dientes. Muchos dientes.


En medio de aquellas tensiones, el coronel Juan José de la Riva, recibió una orden de Mahy firmada el 3 de julio en Villafranca del Bierzo en la que se exhortaba a la agrupación de las partidas sueltas de caballería bajo mandos militares.

A longa no le hacía gracia. Pero eso será otra historia.


Bibliografía:

“Francisco de Longa, de guerrillero a general en la guerra de la Independencia” por José Pardo de Santayana y Gómez de Olea.
Mcnbiografias.com


Anexos:

Juan Díaz Porlier (Cartagena de Indias 1788-La Coruña 1815). Militar. su familia había ocupado altos cargos en la administración virreinal. Su apellido procede de la zona de Flandes. En la batalla de Trafalgar estuvo embarcado en el navío “Principe de Asturias”. Ha haberse redcido el número de barcos de la armada se incorporó al ejército y en 1806 es Capitán en el Regimiento de Infantería de Mallorca. En 1808 es Teniente Coronel de Granaderos y con veinte años de edad, en el Ejército de Extremadura que se dirige al Norte peninsular. Realizará actor heróicos en la batalla de Gamonal. Dada la situación orientará sus acciones a la guerra de guerrillas. La zona de operaciones de Porlier se extenderá entre el Duero y el Cantábrico, colaborando tanto con el Ejército de Galicia y Asturias como con la Armada británica. En diciembre de 1809 se encontraba operando en la zona de Pradilla y Valgañón, en el límite de las provincias de Burgos y Logroño con más de 2.000 hombres. Porlier aspiró siempre a transformar su unidad en una división bien instruida y disciplinada, por lo que perserveró en su entrenamiento. A comienzos de 1810 Juan Díaz Porlier formaba parte del ejército de Asturias con unos 1.000 hombres, que constituían la división volante “Cantabria”


Juan López Campillo (Valle de Liendo 1785- Francia 1832). Destacado guerrillero. Participó en 72 acciones bélicas entre 1808 y 1813 repartidas por toda la zona centro-norte peninsular, desde Navarra y La Rioja, hasta Burgos y el occidente cántabro, alcanzando el rango de Coronel. El 21 de junio de 1808 tomó parte en la acción del Escudo. Su guerrilla recibió el nombre de “Tiradores de Cantabria”. Las necesidades bélicas le unieron a la guerrilla de los cuevillas. Al principio de 1811 su guerrilla de Campillo fue agregada al 7º Ejército del general Gabriel de Mendizabal, sin que por ello perdiera su libertad de acción.


Nicolás de Mahy: (Madrid 1757 - La Habana 1822). Hijo de un brigadier de guardia de Corps de su mismo nombre, a los trece años entró en el ejército y continuó su educación hasta los dieciséis. A los veinte años de servir en este cuerpo llegó a exento de Guardias, graduación equivalente a la de coronel de Caballería.

El 5 de diciembre de 1798 fue ascendido a brigadier de ejército, y en 1803 obtuvo el mando político y militar de la provincia de Tuy. En 1808 la Junta de Galicia y luego la Central del Reino le confirieron el grado de mariscal de campo y el mando de la primera división del ejército, que formó en aquella zona el teniente general Joaquín Blake. El 1 de abril de 1809, el marqués de la Romana le nombró su segundo en el mando y le confirió después el de todas las tropas que operaron en Asturias.

Por sus méritos la Junta Central le ascendió a teniente general, siendo luego proclamado capitán general de Galicia. Dos proclamas: Valerosos gallegos y Gallegos se publican en Diario Mercantil de Cádiz, del 31 de marzo y 5 de noviembre de 1810.