Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


domingo, 12 de noviembre de 2017

La silenciada muerte de una millonaria.


¡¡¿¿Qué en Cubo de Bureba falleció una millonaria cubana y no se habló de ello??!! ¡¿Y qué en el mismo accidente quedó gravemente herido el poeta más joven de la generación literaria del 27?!

Renault Dauphine

Debemos situarnos en el cercano 1959, viajando de San Sebastián a Madrid en un moderno Renault Dauphine con matrícula mejicana. Maneja el coche un hombre de 54 años (nacido en Málaga en 1905) que lleva muchos años fuera de España y desconoce la carretera. Es un poeta, impresor y productor cinematográfico. Son las once de la noche, debe de estar cansado, un frenazo brusco…

Este caballero que ha perdido el control de su vehículo y que espera dolorido la ayuda que están pidiendo unas muchachas del pueblo fundó, en 1923, su primera revista poética. En 1925 se da a conocer en los círculos literarios de Madrid, que frecuenta con José Bergamín, Federico García Lorca y Rafael Alberti. En 1926 funda y codirige la revista “Litoral”. Entre 1933 y 1935 vive en Londres, donde edita libros y crea la revista bilingüe “1616” por el año de la muerte de Miguel de Cervantes y de William Shakespeare. Al regresar a España edita “Caballo verde para la poesía” que dirige Pablo Neruda.

Altolaguirre repartiendo propaganda iniciada la guerra.

Durante la Guerra Civil opta por la República y en febrero de 1939 se exilia. Tras su paso por un campo de concentración francés, se traslada a América. Bueno, ya sabemos por qué llevaba tiempo sin venir por España.

Además de editar poesía clásica española produjo y escribió cine. En 1960 se publican póstumamente sus Poesías, que comprenden textos inéditos o publicados de modo disperso en diversas revistas literarias, y a partir de 1982 empieza a aparecer la edición española de su obra completa.

Se llamaba Manuel Altolaguirre Bolín.

Villa Daría en Cadagua

Su oscurecida acompañante en la desgracia era María Luisa Aurelia Florencia Gómez-Mena Vivanco, hija del millonario cubano del azúcar Alfonso Gómez-Mena y Vila, que se casó en “Villa Daría” situada en Cadagua (Valle de Mena) el 1 de septiembre de 1926. Ella había nacido el 3 de octubre de 1907 en la isla de Cuba.

El novio de esa boda fue el hijo del general Pedro Vives Vich, el también militar –capitán- del cuerpo de ingenieros destinado en aviación Francisco Vives. De este matrimonio nace el único hijo de ella: Francisco Vives Gómez-Mena. Poco antes de que estallara la guerra civil María Luisa decide regresar a La Habana con su hijo. De Paco Vives se divorció en Cuba.

Villa Daría

En 1939 conoce a un matrimonio de exiliados españoles: Concha Méndez y Manuel Altolaguirre que han llegado en marzo de 1939 con su hija de cuatro años, Paloma. Como ya saben, acabarán unidos sentimentalmente. María Luisa les ayuda a establecerse en La Habana: casa y 500 dólares para una imprenta y fundar la editorial “La Verónica” donde se publicaron más de 180 títulos.


El 9 de octubre de 1941 María Luisa se casa con el pintor cubano Mario Carreño e inicia una importante labor de mecenazgo a favor de los jóvenes pintores de la isla.

Mario Carreño.

Manuel Altolaguirre dejó constancia de la inauguración de la galería de María Luisa, en su publicación: “El Prado de La Habana, a su mano izquierda camino al mar, tiene, defendida por un pequeño jardín, su Galería de pintura: “La Galería del Prado”. Los amigos de las artes plásticas encontrarán en su recinto una continua y renovada actividad. Nada de la muerte ni de la gloria de los Museos. En una Galería de Arte los cuadros no pueden permitirse este descanso o sueño concedido a los inmortales. Están allí de tránsito”.


“En la “Galería del Prado” se exponen para la venta, a precios al alcance de todas las fortunas, óleos, acuarelas, gouaches, dibujos, grabados, por Jorge Arche, Cundo Bermúdez, Diago, Carlos Enríquez, Escobedo, Max Jiménez, Mariano, Luís Martínez Pedro, Felipe Orlando, Amelia Peláez, Ponce, Portocarrero, Serra Badué, y otros. Esculturas por Lozano, Ramos Blanco, Rodulfo, Eugenio Rodríguez, Sicre, Núñez Booth, Esnard, Rolando Gutiérrez y otros”.

En marzo de 1943 los Altolaguirre se trasladan a México. ¿Razones? Precariedad económica y –según algunos biógrafos- alejarse de María Luisa. La relación entre ambos había cambiado de signo y tomaba una fuerza patente en el epistolario de Manuel.


En carta a los Altolaguirre, de septiembre de 1943, María Luisa les asegura que “estoy haciendo una monografía de pintura. Os enviaré un ejemplar, y posiblemente la exposición de pintura cubana sea en el Museo de Arte Moderno para enero, con 250 óleos de los pintores cubanos, 100 acuarelas y 200 dibujos”.

Con respecto al trabajo de Mario Carreño en la casa que compartía con María Luisa, las cartas testimonian el entusiasmo del pintor por la práctica del duco, asegurando que “Mario (está) pintando mucho, haciendo ensayos muy interesantes con «duco» (…) Ahora todo hay que verlo a través del «duco». No se habla más que de esto en mi casa: ha producido un contagio espiritual (…) Me pegaron, me pusieron como a un duco y mi tía dio las últimas pinceladas. Apenas si puedo ya deletrear, pues todos los sucesos son tan fantásticos que estoy enervadísima”.

Maria Luisa Gómez-Mena
(Óleo de Carlos Enriquez)

Lo del “duco” venía porque tenían en casa a Siqueiros con su esposa e hija. Y David Alfaro Siqueiros estaba realizando un mural allí. Según Cundo Bermúdez, “Siqueiros llegó a Cuba en la época constitucional de Batista durante la segunda guerra. En ese momento Batista tenía a varios comunistas en su gobierno como ministros sin portafolio. Creo que Siqueiros pensaba que sus amigos comunistas le iban a conseguir un par de comisiones para murales con el gobierno. No fue así. Terminó con su mujer e hija trancados en su cuarto en el Hotel Sevilla debiendo la cuenta. Mario Carreño y Pepe [José Gómez Sicre] se enteraron de la situación y fueron y los rescataron. Mario se los llevó a vivir con él en su casa del Vedado que era la de su mujer, María Luisa Gómez Mena”. Siqueiros fue un torbellino en ese domicilio: aceptó el encargo de los Carreño-Gómez Mena de hacer un cuadro que él interpretó como hacer un mural interior mediante la técnica del duco (como pintura de coches) con pistola pulverizadora.

David Alfaro Siqueiros

María Luisa no compartía las ideas (¿Políticas? ¿Artísticas?) del muralista mexicano al considerarlas “puro Cantinflas”. Asegura que “todo es culpa mía por tenerle lástima a un artista”. En sus cartas aparece la confesión del naufragio de su matrimonio: “A Mario lo tiene rebelado contra mí. Conspiran toda clase de imbecilidades, que parecen infamias (...) Los sucesos serán peores en lo sucesivo (...) Me sobran energías para desenmascarar la mala fe”.

Los directivos del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA) fueron receptivos, y fue precisamente en la Galería del Prado donde María Luisa y José Gómez Sicre organizaron, junto a Alfred H. Barr Jr., la muestra colectiva “Pintores Cubanos Modernos” para dicho museo neoyorkino. Esta muestra, que finalmente agrupó a trece pintores y 75 obras, estuvo acompañada de la monografía, “Pintura Cubana de hoy / Cuban Painting of today”, financiada por María Luisa.

MOMA 1944

En una carta de María Luisa a los Altolaguirre, de diciembre de 1943, ella asegura que “esta será mi última carta desde Cuba”, y James Valender afirma que “en marzo de 1944, después de asistir en el Museo de Arte Moderno de Nueva York a la inauguración de una exposición de arte cubano contemporáneo patrocinada por ella, Gómez Mena se trasladó a México”. Pero Cundo Bermúdez dice que María Luisa “fue una apasionada de la república española durante la guerra civil y más tarde por esto le negaron la visa a los Estados Unidos cuando la exposición cubana en el Museo de Arte Moderno de New York”. Lo cierto es que hacia marzo ella se encontraba en México con Manuel Altolaguirre.

Durante los meses iniciales de 1944, María Luisa y Manuel se relacionan por carta. El poeta pide que ella le escriba a su trabajo. Discreción llaman a eso. Separada de Carreño, María Luisa se va a vivir a Taxco (estado de Guerrero), ya con él, y después a Tepoztlán, en Cuernavaca.

José Gómez Sicre y María Luisa

En enero de 1945 María Luisa financia la creación de una nueva editorial para Manuel Altolaguirre, la editorial “Isla” con su propia imprenta y tipógrafos. Nuevamente un fracaso por la forma de llevar el negocio del poeta.

Ante el caos financiero, y la negativa de Manuel a separarse de su esposa, María Luisa regresa a La Habana en febrero de 1946. Dos meses después resuelve cerrar la nueva editorial por su mala gestión. Manuel le atosigará con una lluvia de cartas prometiendo que cambiaría, se divorciaría y que se dedicaría con seriedad a su trabajo. Dos años permanece María Luisa en La Habana.


En julio de 1948 vuela a México y reanuda su relación sentimental con el poeta. Ella va y viene de La Habana. En 1950 crea “Producciones Isla”, una productora cinematográfica que comparte con él. Producirán seis películas hasta que la reforma de la legislación mejicana les expulse del mercado. Regresarán a Cuba donde intentarán tres proyectos. De vuelta en México harán otras cuatro películas.

Salvo “Subida al cielo” (1952) dirigida por Luís Buñuel que se presentó en el Festival de Cannes, que obtuvo en París el Premio de la Crítica a la mejor película de vanguardia de aquel año y cuyo guion le valió a Altolaguirre el “Águila de Plata” otorgado por la Asociación de Periodistas Cinematográficos Mexicanos el resto de proyectos…

Fotograma de "Subida al Cielo" (1952)

Manuel buscaba un “cine-poema” alejado de lo comercial. La adaptación cinematográfica de “El cantar de los cantares”, de Fray Luís de León es el paradigma de este intento. María Luisa se lo dice a su hijo por carta: (Manuel) no se cura de soñar y la lucha con él es muy difícil (...) él está en la luna, pertenece a otro planeta y yo estoy desgraciadamente en la tierra (...) “Subida al cielo” es un poema popular, pero es poesía y mucha gente no es poeta ni sabe ver la belleza plástica y la maravillosa dirección”.

En julio de 1959, y con la redacción de una segunda versión de “El cantar de los cantares”, María Luisa y Manuel pudieron volverá España para presentar en el Festival de Cine de San Sebastián, fuera de concurso, la primera versión de este filme de 1958. Al parecer, el propósito de ambos era el de conseguir financiación para la filmación de esta segunda versión.


Después de presentar la película, y de vuelta a Madrid, a unos dos kilómetros pasado el pueblo de Cubo de Bureba, el coche salió de la carretera cayendo en un campo de trigo volcando. Murió María Luisa en el acto. Era el jueves 23 de julio. Manuel Altolaguirre Bolir falleció en la clínica San Juan de dios de Burgos a los tres días del accidente a consecuencia de las complicaciones causadas por las graves heridas sufridas. Las pocas referencias en la prensa indicaban que había estado acompañado de su hijo y otros parientes.

Dentro de ese grupo de parientes citamos a su sobrino Julio Mathías quien informó a un periodista de ABC sobre el accidente. Dijo que fue lento y difícil sacar a Altolaguirre de entre la chatarra en que se convirtió el coche, hasta el punto de salir desnudo del agudo roce de los hierros.


En el año 2005 se recordaba una crónica de la fecha en el periódico ABC:

“Burgos, 26 de julio de 1959. A las tres de la tarde ha fallecido en la clínica San Juan de Dios el poeta y productor cinematográfico don Manuel Altolaguirre Bolín, de cincuenta y cuatro años, a consecuencia de las heridas sufridas en el accidente de automóvil ocurrido el jueves pasado en Cubo de Bureba, donde perdió la vida su esposa, cuando regresaba a Madrid desde San Sebastián.

Desde que fue recogido en un trigal junto a la carretera, iluminado por los faros de un camión, había conservado plenas facultades mentales, gracias a lo cual pudo recibir los Santos Sacramentos al ingresar en la clínica. En la noche de ayer se le apreció una ligera mejoría, pero, a la madrugada, una complicación abdominal hizo perder toda esperanza.

Nacional 1 (N-1) tras pasar Cubo de Bureba (1956)

Cuando a la una del mediodía acudí a visitarle, le confortaba el capellán y le acompañaban su hijo, sus hermanos Carlos y María de la Concepción, y sus sobrinos llegados de Madrid y Málaga. Ellos me hablaron después de su cristiana resignación al soportar una durísima agonía, besando constantemente el crucifijo, hasta morir con el nombre de Dios en los labios. Ellos recordaban la emoción de emigrado que sintió dos semanas antes al regresar a España después de muchos años en México. Emigrados era el título de la película que hizo con más cariño.

Su ilusión patriótica se fundía con una juvenil ansiedad de ofrecer a España las primicias de “El Cantar de los Cantares”, su primera dirección cinematográfica, en la que a la poesía bíblica se unía la del traductor y protagonista, Fray Luis de León y la suya propia. Tal película había sido calificada como el mejor mensaje católico que México podía enviar a España. Pío XII había mostrado deseos de admirarla, y Altolaguirre iba a ofrecérsela cuando la presentase al premio de la Oficina de Cine Católico, en la Bienal de Venecia, pero antes pensaba tomar un descanso de quince días en su tierra de Málaga.

N-1 antigua tras salir de Cubo de Bureba 

Había llegado a crear con ella la novedad de la poesía mística en imágenes, a la que seguiría el rodaje de “El libro de Job”, ya a punto de comenzar, también dirigida por él en la traducción de Fray Luis. En otro aspecto, quería dejar terminado el guion de “La turné romántica”, más en la línea de sus anteriores producciones mexicanas, que ya sumaban una docena, la mayor parte de ambiente español, de las cuales “Robinson Crusoe” se había visto últimamente en España.

Buen poeta moderno, de la escuela de Juan Ramón Jiménez, de la promoción de García Lorca, Gerardo Diego o Vicente Aleixandre; fundador en Málaga de revistas poéticas perdurables, y aún cuidadoso impresor de sus obras: Este libro ha sido editado en la séptima imprenta de Manuel Altolaguirre, se dice en el colofón de un tomo londinense. Su nombre y sus poemas figuran en todas las antologías contemporáneas, en los textos escolares mexicanos, en las publicaciones extranjeras... (…)” José María Gárate Córdoba.


¿Y ella? Pues, con 52 años María Luisa Gómez Mena fue sepultada en la Sacramental de San Justo, un cementerio madrileño asentado sobre el Cerro de las Ánimas, en la ribera sur del Manzanares. Allí comparte nicho con su poeta.

La prensa del momento no profundizó en el tema. ¿Por qué? Vale, entiendo que él era un republicano que en el inicio del tardofranquismo había obtenido permiso temporal para entrar en España. ¿Pero ella?

Noticia en "La vanguardia española"·

Ella era una cubana exiliada ante la revolución comunista (o podía pasar como tal) pero estaba divorciada y casada en segundas nupcias. O terceras. El problema no era que una extranjera estuviese divorciada sino de quién lo estaba era muy importante. ¿Recuerdan a Paco Vives? ¿Aquel militar con el que se había casado en Villa Daría?

Francisco Vives Camino

Pues Francisco Vives Camino (1900-1997) fue del bando ganador en la Guerra Civil de 1936 a 1939 y continuó en el ejército. En 1956 había sido ascendido a General de Brigada y terminó su carrera militar con el rango de Teniente General.


Es decir, que María Luisa era la infiel esposa extranjera -arrejuntada con un poetucho “rojo”- de un militar de alta graduación afín al Caudillo. Una descocada, y adinerada cubana, que se había fugado con el hijo de ambos a aquella isla. Además, la Cuba castrista puede que diese problemas si se daba mucho bombo al asunto. Demasiado para hablar de ella, aunque fuese una Gómez-Mena.


Bibliografía:

“María Luisa Gómez Mena (1907-1959). Al rescate de una imagen cultural”. Por José Ramón Alonso Lorea.
Periódico “La Vanguardia española”.
Periódico “La hoja del lunes” de Burgos.
Periódico ABC.
Revista “Litoral”.
Fototeca Digital de España
The Farber Foundation. Cuban Art News: Enfoque histórico, segunda parte y tercera parte.

Para Saber más:






domingo, 5 de noviembre de 2017

Borricón, Francisco López Borricón, o la reacción y el obispo.


Este poco recordado prelado inició una serie de obispos de Mondoñedo de origen burgalés. Nació el 3 de marzo de 1776 en Hornillayuso, aunque otras fuentes lo sitúan en Torme, y era de familia hidalga. Podemos encontrarnos referencias a estos apellidos en varias poblaciones de Las Merindades, en especial en la Merindad de Sotoscueva. La población de Bedón sería un ejemplo. Nuestro Francisco, Paco, inició sus estudios en la universidad de Burgo de Osma en 1790. Será consagrado en Madrid. Tendrá prisa por prosperar pero en 1794 perdió ante González Navas una Cátedra de Teología. Consiguió ser canónigo en la Catedral de Burgos.


Durante la Guerra de Independencia Francisco se implicó en la lucha y se salvó por intercesión divina (estaba en la sacristía cambiándose tras una misa) de la tragedia del pueblo segoviano de Grado de Pico de 1811. Allí se había trasladado la Junta de Burgos para iniciar el proceso de elección de los dos vocales que correspondían a dicha circunscripción según el Reglamento de Provincias de marzo de 1811.

Se enteraron los invasores que ejecutaron una acción relámpago. Al amanecer del día 21 de marzo los franceses sorprendieron a los miembros de la Junta -y a los centinelas patrióticos-. La confusión del asalto permitió que se salvaran algunos. El vocal de Pedro, Ramón Ortega, administrador interino de rentas, y José Ruiz, oficial de intendencia, se encontraban oyendo misa, por lo que pudieron esconderse en la bóveda de la iglesia sin que les vieran los enemigos. El oficiante, nuestro Juan Francisco López Borricón, juez de la Comisión de Secuestros, tampoco fue detenido.

Seguirá como canónigo en Burgos cuando en 1820, en el mes de junio, participa –y es juzgado- en el intento de sacar de Madrid a Fernando VII y a su familia a través de esta ciudad castellana.

Fernando VII

En 1824 Bernardo Sainz de Varanda y Pereda, nacido en Gayangos, fue preconizado deán de la catedral de Burgos y tomó posesión por poder otorgado a nuestro miembro del Cabildo catedralicio López Borricón. Todavía no era su momento, parece.

El medinés Dionisio Hidalgo, que en octubre de 1825 se matriculó para estudiar filosofía en el seminario conciliar de Burgos, comentó lo reaccionario que era ese centro con los estudiantes que no tomarían los votos. Relata que “el que después fue obispo de Mondoñedo y más tarde uno de los adalides más decididos en el campo de la reacción, Sr. Borricón, era rector del seminario: avisado por sus espías de que una media docena de estudiantes, yo uno de ellos, nos reuníamos a bailar y divertirnos con juegos propios de la edad juvenil, se presentó una noche en nuestra casa, rodeado de todo el imponente aparato de bedeles y criados, y después de habernos increpado de la manera más dura y despiadada y tomar nota de nuestros nombres, nos citó a la rectoral para el día siguiente a fin de llenarnos de improperios”.


El 5 de Marzo de 1827 Borricón fue designado por el rey Fernando VII para ocupar el puesto de obispo de Mondoñedo (Galicia) y tras cumplir todos los trámites civiles y eclesiásticos procede a la toma de posesión el 30 de noviembre de ese 1827. Por cierto, que nuestro hombre tardó años en abonar las bulas pontificias necesarias y así el 8 de noviembre de 1835 se le reclamaban las mismas.

Por lo que consta su pontificado no fue problemático. Como curiosidad indicaremos que fue entonces cuando se dejó de enterrar dentro de las iglesias de la diócesis -la fecha límite fue abril de 1833- debiendo enterrarse en unos cementerios todavía inexistentes. Aparte de los inevitables destrozos arquitectónicos estas prisas incrementaron los roces entre Francisco López y el gobernador de Lugo. La tensión fue máxima en el propio Mondoñedo al exigirse que los prelados y el resto de los miembros del clero fuesen enterrados en el cementerio general. Los curas querían enterrarse en un cementerio propio a espaldas de la catedral o en el claustro. Vamos, que la ley no tenía que ir con ellos.


Peleó también contra la vida licenciosa de los sacerdotes buscando que esta fuese intachable y ejemplo para los feligreses. Por ello, el nombre de Borricón irá enlazado al de Francisco María barros al que le forma causa criminal por su conducta escandalosa y lo encierra en el convento de Rosal-Alcántara de Mondoñedo.

Francisco López Borricón escribirá varias pastorales donde mezclará fe y política. En una de ellas hablaba del amor de los españoles a su rey y ataca a los que miraban con aversión a los Voluntarios Realistas. También es cierto que tocaba temas más clásicos de la iglesia como los amancebamientos, los divorcios voluntarios, el celibato...

Y muere Fernando VII. Si nos fijamos en Galicia veremos que es una zona proclive al pretendiente. ¿Por qué? Por un lado este territorio linda con Portugal, por donde los emisarios realistas de Madrid pasan tranquilamente. Portugal, dominado por las facciones de don Miguel -absolutista como don Carlos- era un camino seguro. Por otro, en Galicia coinciden varios personajes notoriamente absolutistas: el capitán general Nazario Eguía, el gobernador de la plaza de Ferrol, Zumalacárregui, el metropolitano Rafael de Vélez, arzobispo de Santiago, y en Mondoñedo, nuestro protagonista el obispo López Borricón.

Infante Carlos

Con la sublevación carlista, todos ellos ocuparán puestos significados: Eguía el de ministro de la guerra de don Carlos, Zumalacárregui el de caudillo del ejército del Norte, López Borricón el de vicario general castrense y Vélez el de presidente de la Junta Carlista de Galicia.

Puestos en antecedentes sobre perfil ideológico de nuestro Paco entendemos que, ante el decreto de la reina gobernadora del 4 de enero de 1834 sobre la “impresión, publicación y circulación de papeles”, enviase un escrito que le significará públicamente. Pensemos que ya estamos en plena guerra civil, en la primera guerra carlista. En el escrito afirma Borricón que la prerrogativa sobre la libertad de prensa no corresponde a los poderes públicos sino a los obispos. ¡¡La religión Católica quedaría anulada en esa función si la prohibición eclesiástica de un libro era levantada por el Supremo Consejo de Castilla!!

Pedía la reforma del edicto para que “quede intacta la autoridad divina de la Iglesia y libre el influjo y funciones natas de sus pastores para guiar a sus ovejas por el camino de la verdad”. De pasaba se quejaba de la supresión de conventos, de la suspensión de la toma de hábitos, etc.

Consecuencia: a Borricón se le ordena ir a Madrid en 10 de octubre de 1934. Se lo comunica el 23 de noviembre el superintendente de policía del reino. ¡Y empezamos el baile y las dilaciones! El burgalés contesta que está dispuesto a ir pero que en ese momento no puede porque hay cólera en la zona. Luego adujo que no había sido llamado según forma y enreda al cabildo. Finalmente parte el 5 de noviembre de 1834 hacia Lugo para tomar la diligencia que, saliendo de La Coruña, lleva la ruta de Madrid.

General carlista Cabrera

A la altura de Astorga se detuvo por encontrarse indispuesto. Tras el “necesario” tiempo para recuperarse avanzó hasta Valladolid donde su delicada salud le retuvo hasta noviembre de 1836 en que, dejando atrás cualquier subterfugio, se pasó a la zona carlista del norte.

A consecuencia de la fuga del prelado el gobierno expidió el 10 de diciembre de 1836 una orden al cabildo de Mondoñedo por la que, declarando al señor obispo decaído y privado de lodos los honores, rentas y consideraciones civiles y eclesiásticas, procediese a la elección de vicario capitular. Indicó que el gobierno de la diócesis debía recaer en eclesiástico de reconocida virtud, ilustración y probidad, y acreditada adhesión a la reina Isabel II. El gobierno no quería más traicioncillas.

Por su parte nuestro amigo López Borricón, bien relacionado y situado en la corte carlista participará –dado su cargo ante el pretendiente- en la expedición real de 1837 que recorrerá el noreste de la península y llegará a las puertas de Madrid para replegarse después sin entrar en la asustada capital.

Mapa de Rahden con la ruta de la expedición real carlista.

Pocos años le quedaban a López Borricón. La expedición real le acercó a la que sería su última residencia: Morella. Los carlistas la habían abandonado en diciembre de 1833 para volver a entrar en 1838. El general Cabrera convirtió la ciudad en capital administrativa y militar de los territorios bajo el control carlista. El gobierno liberal respondió enviando al general Marcelino Oráa que se retiró derrotado el 18 de agosto de 1838. Cabrera será recompensado por su rey con el título de Conde de Morella.

Hizo de Morella una plaza fuerte de primer orden y lugar de una academia de cadetes con un cabildo eclesiástico con dos obispos al frente: Herrero Valverde, prelado de Orihuela y el de Mondoñedo nuestro Borricón. Los liberales les tachaban de dejar de lado su ministerio y de dedicarse a fanatizar las almas y avivar el fuego de la guerra civil.

Iglesia del convento de San Francisco de Morella

Tras el convenio de Vergara, 1839, queda Cabrera frente a todo el ejército liberal al no haber aceptado la paz. El 18 de mayo de 1840, el ejército mandado por el general Espartero empezó su ofensiva contra Morella, y doce días la ciudad se vio obligada a capitular tras haber sufrido un intenso bombardeo. Pero para Francisco López Borricón la guerra había dejado de ser importante el diciembre anterior.

En octubre de 1840 se remite la partida de defunción de Borricón a Mondoñedo. La enviaba el cura ecónomo de la Iglesia Arciprestal de Santa María Mayor de Morella. Se decía que Francisco López Borricón había fallecido en allí el 12 de diciembre de 1839 y que estaba sepultado en la capilla del Santísimo Sacramento de esa iglesia (como vemos no se le enterró en un cementerio). Dicha partida le titulaba como: obispo de Mondoñedo, capellán mayor de S.M. Carlos V, vicario general de los ejércitos carlistas y delegado apostólico de Su Santidad Gregorio XVI.

Portada de la iglesia Arciprestal de Morella

Todo esto venía a cuento de la necesidad de cubrir legalmente la vacante de obispo de Mondoñedo. Y el cabildo gallego, desconfiado, exigió un segundo certificado de defunción.

Y no era para menos porque se conserva un escrito de la época –no firmado- donde se sitúa su fallecimiento el día 10 y no el 12. Da más detalles: la hora de la muerte fue las 16:30 horas y su cadáver fue colocado en la iglesia del convento de san Francisco, donde vivía, con centinela y guardia de honor. Será el 12 cuando lo trasladen a la Iglesia Arciprestal donde el obispo de Orihuela celebró la misa. A su término se cerró el féretro con dos llaves y se depositó en el nicho elevado de la capilla del Santísimo Sacramento.

Recibió todos los honores militares por los Reales Cuerpos de Inválidos, Artillería e Ingenieros y la guarnición de la plaza.

Fin.


Bibliografía:

“Burguesía y revolución liberal en la ribera del Duero burgalesa (1808-1840)” por Francisco Javier Iglesia Berzosa.
“La arriería en la merindad de Sotoscueva” por Pedro Fernández Díaz-Sarabia.
Periódico “Correo Constitucional, literario, político y mercantil de Palma”.
Periódico “Diario Constitucional, político y mercantil de Barcelona”.
Tesis doctoral “Propaganda, imagen y opinión pública en Burgos durante la guerra de la Independencia (1808-1814) por Alberto Ausín Ciruelos.
“Memoria sobre el origen del camino de Burgos a Bercedo” por Ismael García Dávila.
“Estampas histórico –burgalesas del siglo XIX” por Teófilo López Mata.
“La Junta Superior Provincial de Burgos durante la Guerra de la Independencia (1809-1813)” por Francisco Javier Iglesia Berzosa.
Periódico “el católico”.
“Las Epidemias de cólera del siglo XIX en Mocejón (Toledo)” por Juan Jesús Martín Tardío.
“Tipografía española, o historia de la introducción, propagación y progresos del arte de la imprenta en España. a la que antecede una noticia general sobre la imprenta de la Europa y de la china: adornado todo con notas instructivas y curiosas” en la edición corregida y adicionada por Dionisio Hidalgo.
“Historias” por Eugenio Martínez Ruiz.



domingo, 29 de octubre de 2017

Esa página que miramos de reojo.


En el mundo se anuncia todo. Incluso la muerte. Alejados de la vida rural donde las campanas “tocaban a muerto” otros medios tomaron el relevo. Esa página de los periódicos, ese tablón de anuncios en las iglesias o en las plazas de los pueblos… Hasta se renombran –popularmente- plazas para llamarse “la campa del muerto” por ser el lugar tradicional de fijación de esquelas. Originariamente la “esquela” era una carta breve para cursar una invitación. Pero recurramos a las definiciones de la Real Academia de la lengua Española (RAE):

“Aviso de la muerte de una persona que se publica en los periódicos con recuadro de luto o se fija en distintos lugares públicos indicando la fecha y el lugar del entierro, funeral, etc.
Carta breve que antes solía cerrarse en forma triangular.
Papel en que se dan citas, se hacen invitaciones o se comunican ciertas noticias a varias personas, y que por lo común va impreso o litografiado.”


De acuerdo, es un anuncio, un aviso, pero no cumple los cánones de originalidad ni de efectismo, ni casi cambia con la moda o las tendencias del mercado. Generalmente están coronadas (en el mundo católico en que nos movemos) por una cruz pero en Euskadi, por poner un ejemplo, muchas esquelas sustituyen la fe religiosa de la Cruz por la fe política y colocan un lauburu (clásico símbolo celta adoptado por el nacionalismo). Hay de todo: esquelas laicas, bufas, cualquier cosa.

Quizá ni siquiera decide el difunto porque, evidentemente, pagan los familiares del fallecido, o compañeros del trabajo, la empresa, el partido político, etc.

(Autor Michael Gelen)

¿Cómo identificamos una esquela? Las tradicionales cumplen unos criterios que, como vamos a ver, no se han alterado –en España, al menos- en los últimos ciento y pico años. A saber: Cuadrada o rectangular; con un recuadro negro o gris; el símbolo ideológico-religioso centrado en la parte superior; Q.E.P.D. o R.I.P. quizá con alguna cita bíblica; el nombre del finado y los títulos obtenidos en vida; edad, fecha y lugar de fallecimiento; lugar de enterramiento; La relación de parientes, vivos y muertos, estos últimos con una cruz, que “ruegan una oración por el alma del fallecido”; Y, por supuesto, la fecha y hora del velatorio, entierro o incineración, misa de salida o cualquier otro homenaje. En las más antiguas me he encontrado con el contradictorio mensaje final de que “no se repartirán esquelas” refiriéndose, quizás a que no se fuesen a repartir recordatorios. Y en las contemporáneas una foto tipo carnet más o menos favorecedora para ayudar a reconocer al difunto.

También encontrarán en algunas amarillentas esquelas la mención a las indulgencias que reciben los que asistan al funeral. Son un perdón de pecados decretado por la Iglesia Católica. Puede ser parcial o plenaria. Por cierto, si se visita una iglesia el día de todos los difuntos se puede obtener una indulgencia plenaria.

Gato en Mijangos

Las esquelas, descontextualizadas del dolor familiar, son una fuente de información sobre ciertos individuos: si tuvieron hijos, hermanos, sobrinos, causas de la muerte, situaciones familiares anómalas al “desaparecer” algún deudo, venganzas al publicar la esquela de un vivo…

Hoy, en la era “internet”, las esquelas se publican en el Facebook, en el blog de los tanatorios y, seguro, que las recibiremos por Twiter o wattsapp. Pero esa evanescencia nos impedirá meternos en la vida, y muerte, de aquellos otros que nos precedieron y nos impedirá reflexionar de la manera en que lo vamos a hacer con esta relación de difuntos vinculados con Las Merindades.

Es la semana de difuntos. Esta vez no será Halloween.

La primera que vemos es la de un abogado y notario que falleció en Villarcayo en 1887:


En 1888 se publicó esta que correspondía al abogado Luis Bustillo y Pereda:


El ejemplo de 1889 y primera dama en esta triste relación es doña Cipriana González. Fue en Medina de Pomar y con abundancia de Indulgencias:


1890. Nos encontramos con la señorita Sofía Sainz de Varanda y Encabo de la cual desconocemos todo salvo que estaba vinculada con Medina de Pomar al decretarse misas en la parroquia del Santo Rosario de esta población. Indulgencias abundantes:


Volvemos a Villarcayo donde, en 1893, pasó a mejor vida el ilustrísimo señor Pedro Saenz de Russio y Prestamero. Abogado. Puede que haya tanto abogado en nuestra relación ocasional de esquelas porque Villarcayo era ya en esos momentos cabeza de Partido Judicial:


Cambiamos de siglo pero mantenemos el estilo. La salvedad es que en este caso la esquela aparece en la primera página superior izquierda. Está más que claro la importancia –y el precio de la esquela- de esta señora que falleció en 1909 en Villarcayo:


Presentamos ahora otra variante de esquela que es el recordatorio. En este caso del primer aniversario de la muerte de la Marquesa de Chiloeches. Estamos en 1911. Hagan cuentas o lean abajo:


Rufino Zatón Villamor falleció en Villarcayo en 1912. Por su esquela vemos que estuvo vinculado con la emigración a la antigua provincia española de Cuba y con el periódico burgalés “El Papamoscas”:


En 1912 hacemos doblete presentando el aviso de don Manuel Sainz de Baranda y Gil Machón. Nos dicen la hora del óbito y que era Montero de Cámara del rey. Evidentemente era de Espinosa de los Monteros:


En febrero de 1915 murió cristianamente esta noble señora que encargó misas en Medina de Pomar:


Para el año 1920 les presento dos esquelas. La primera es la del Conde de Ardales que, entre otros muchos lugares, encargó misas por su alma en Medina de Pomar:


Y la de Leonor Ruigomez y Velasco que fue enterrada en Villasana de mena. La singularidad de esta esquela está en la letra negrita de la parte inferior donde recuerda que no se reparten esquelas, que el duelo se despide en la estación y que se suplica coche:


Doña Luisa de Novales y Sainz falleció en Madrid en 1924 y su funeral se realizó en Espinosa de Los Monteros. Lo curioso de esta esquela es el anuncio que le seguía en la página del periódico:



Ahora tenemos un recordatorio de 1932 de doña Eloísa de Angulo y Torresagasti que falleció en 1922. Lean cuantas, y donde, le dedican misas:



1933. don Julián Demetrio Pérez Santana:


Para no ser más tediosos de lo que estamos siendo saltamos hasta el año 1968. Si se fijan el estilo de las esquelas no ha cambiado nada en todo este tiempo y, si ojean el periódico de hoy, siguen siendo iguales. Esta es la de Carmen Martínez Vigil. Fíjense donde le dedican misas:


Esta de 1979 es de Consuelo Ruigomez Velasco:


En 1985 se celebraron en Villasana de Mena los funerales por Gabriel Vivanco Gutiérrez, marino mercante, que pereció en acto de servicio. Pueden observar que es una esquela más abierta, menos densa en palabras y en la cual han ido decayendo las viejas expresiones e indulgencias:


Para terminar les presento esta de 1996 -no es bueno en estos temas acercarse demasiado al presente-. Es la de Guadalupe Domínguez de Vidaurreta Izco, una dama centenaria que había visto el transcurrir del siglo XX en nuestras Merindades y que regresaría a Mena para su descanso eterno:



  
Bibliografía:

Periódico ABC
Periódico “El papamoscas”
Periódico “La fidelidad castellana”.
Periódico “La voz de Castilla”.
Periódico “La correspondencia de España”.