Que no te asusten ni la letra ni el sendero de palabras pues, amigo, para la sed de saber, largo trago.
Retorna tanto como quieras que aquí me tendrás manando recuerdos.


martes, 12 de febrero de 2013

Balneario de Fuensanta en Gayangos

Cuando hoy atravesamos el pueblo de Gayangos, más preocupados por el radar que por el paisaje, poco podemos imaginar que, escondido entre los árboles, desaparece parte de la historia del turismo en Las Merindades. Una honorable muestra de la Belle Epoque y del culto a la salud mediante el agua en nuestras tierras.


Hubo un tiempo en que los baños de agua eran fuente de salud y no un moderno recurso de ocio oculto bajo el nombre de SPA. Las terapias de agua son tan viejas como la humanidad. La observancia de animales y la propia experiencia entorno a manantiales de agua caliente o con un sabor u olor peculiar que curaban o mejoraban la salud pasó de ser ingesta de agua procedente de los abismos de la tierra a ser el bautismo que limpia el pecado.
El griego Hipócrates consideraba la hidroterapia como método terapéutico de primer orden. En Roma, la 'Historia Natural' de Plinio hace referencia a manantiales ferruginosos, describiendo su sabor y sus características curativas. Y Vitrubio dividió las fuentes en sulfurosas, aluminosas, saladas y bituminosas y también decía que todas las fuentes de agua caliente tenían virtudes medicinales otorgadas por la tierra, que calentaba el agua cocinando los minerales y dándole una nueva fuerza distinta a la normal.


Juan Miguel Savonarola publica 'De Balneis et Thermis' (1498) considerado el primer tratado sobre termalismo. Andrea Bacius, en 1571, recoge en su libro 'De Termis' las características y efectos de las aguas medicinales, considerada una de las más importantes obras sobre el tema.


Durante los siglo XVII a XVIII las técnicas médicas evolucionan pasando de sangrías, purgantes y enemas, a tratamientos que, al menos, no dañaban a los enfermos, dejando que la naturaleza, la dieta, la quietud, la tolerancia y el agua curaran las dolencias.


Fue en 1697 cuando el médico español Alfonso Limón Montero escribió una obra admirable por el esfuerzo de su realización: “El espejo cristalino de las aguas de España” que se publicó dieciocho años más tarde. A partir de este momento los descubrimientos en el campo de la química impulsaron nuevos tratados científicos de hidrología.


A finales del siglo XVIII y principios del XIX, Vincent Priessnitz, iniciador de las medicinas alternativas, comenzó a aplicar baños totales o parciales, compresas y duchas de agua fría combinadas con ingesta de agua, ejercicio físico y dieta. Las aplicaciones las realizaba para curar contusiones, heridas, erupciones cutáneas y fracturas.


Otro de los personajes importantes para la hidroterapia en este siglo fue Kneipp, religioso que siguió las enseñanzas de los médicos Hahn ante su enfermedad, la tuberculosis. Los baños de agua fría, fricciones, ejercicio físico e ingesta abundante de agua, mejoraban su enfermedad. Kneipp comenzó a aplicársela a sus compañeros, también afectados por tuberculosis, llegando a crear una de las técnicas mas importantes de la hidroterapia: la 'Cura-Kneipp', basada en chorros parciales o totales con agua fría.


En España, en 1816, la hidroterapia se regula por medio de un Real Decreto, en el que se dice que cada uno de los baños más importantes del reino deben tener un profesor versado en hidroterapia y medicina, para indicar su aplicación y uso.


Y este cariño a la salud a través del agua, junto con las noticias sobre las fuentes salutíferas en Las merindades -recordemos a el historiador E. Larruga en el siglo XVIII, indicando que “En el lugar de Gayangos hay una fuente de agua mineral que se atribuye su virtud a alguna agua de cinabrio”- y añadido al tratamiento “profesional” del manantial llevado a cabo por el sacerdote propietario del terreno, decidido a sanear el lugar donde los vecinos se sumergían para aliviar sus dolencias, desemboca en la posterior creación del Balneario de Gayangos.


No solo ese sino que existirían otros manantiales, el de Baranda, Fuente y Poza Quibilla, donde los enfermos de la comarca tenían por costumbre tomar baños de manera indiscriminada. El Balneario de Fuensanta presionaría para eliminar esa competencia escudándose en la necesidad de ordenación en el uso de aguas medicinales y en el cristiano decoro. Pero, es que, esas otras aguas salían caliente, y, en invierno, era comprensible su uso para aseo personal o culinario.


Consta en el concejo de Gayangos un documento del 9 de julio de 1834 que trata de la concesión del permiso para la construcción de una casa de baños en el lugar que entonces era conocido como Fuente Santa. Comienza dicho escrito con una providencia del gobernador civil de la provincia, Manuel de la Riva Herrera, para que el citado Concejo “del terreno común se le proporcione a Don Manuel Ormaeche, vecino de Munguía, lo suficiente para hacer a sus expensas una Casa de Baños en las inmediaciones de la Fuente Santa con su cerrado”. Continúa puntualizando los pormenores de la venta, límites, tasación, además de una serie de condiciones sobre el comprador:
  • Por ejemplo, que el sobrante del agua de la Fuente Santa, “que sirve para medicinarse y curar el mal de orina tan experimentado por los buenos resultados a cuantas personas la beben anualmente tanto del pueblo como forasteros… tengan su curso y dirección para el destino de regar los huertos y demás del pueblo”.
  • O, “dejar libre, expedido y desembarazado sin que se pueda hacer al presente, ni en ningún otro tiempo, cierre de pared ni estacadas para que tanto el pueblo, como cualquier persona forastera, pueda entrar y pasear libremente, y sin impedimento alguno a tomar y beber las aguas o lo que acomode”.
  • Y, por último, la de que Manuel Ormaeche “pueda tomar todo el agua que necesite de dicha fuente para uso y surtido de la Casa de Baños que trata de hacer mientras estos estén ocupados, y no estándolo ha de estar obligado a dar curso y dirección a las aguas, el que siempre han tenido y tienen, como queda dicho y dar igualmente los baños que necesite cualquier persona avecinada y domiciliada en este lugar, para curar sus dolencias y enfermedades, previa certificación del facultativo, sin exigirles ningún tipo de interés, ni retribución por citado baños”.
Podemos sentirnos orgullosos de que el desaparecido balneario debió ser, si nos acogemos a Madoz, el primero de la provincia de Burgos (“Un establecimiento público de baños minerales en el centro del pueblo, cuyas aguas son muy buenas para el mal de orina y erupciones cutáneas, habiendo en él localidad bastante para hospedar los dolientes”). Se abastecía de dos manantiales; uno de ellos de aguas sulfurosas ya citado por D. Pedro María Rubio en 1853, “cuyo agua es cristalina, de olor y sabor a huevos podridos”.


Piensen que en 1851 se estimaba en 60.000 el número de enfermos que habían visitado los 85 balnearios con dirección médica y en más de 30.000 los acompañantes. Pero, en 1892, los ya 152 balnearios abiertos llegaron a albergar a 150.000 agüistas. ¡Un volumen nada despreciable para la época!


Conocemos los distintos directores médicos que lo tuvieron a su cargo mediante las memorias anuales reglamentarias, nombramientos y notas de prensa. Podemos citar a don Santiago García Fernández (1894), distinguido especialista de Madrid, como lo define “El Papa-moscas”, al Doctor Bouthelier y, especialmente, a doña Soledad Ruiz-Capillas, la primera mujer médico de Balneario que se estreno en Fuensanta. Durante la República, 1933, se disuelve el Cuerpo de Médicos Directores de Baños, que se repondrá en 1934.
Volvamos a finales del siglo XIX, aparece una nueva clientela, no necesariamente enferma, que está propiciada por los cambios sociales del momento, por la aparición del fenómeno del veraneo, por la mejora de los tendidos ferroviarios, así como la adecuación y modernización de las instalaciones hidroterápicas.


Una suma de factores que llevarán a los Balnearios a su gran época. La mejora de las técnicas de aplicación de los tratamientos, la difusión de la crenoterapia (efectos de clima en el tratamiento hidroterápico) ejercen una gran atracción hacia la clientela. Será necesario destacar el nuevo componente lúdico de los balnearios.


Problemas: Esas mejoras en las comunicaciones y el aumento del número de establecimientos (la competencia, vamos) debió afectar al balneario burgalés. Si hay balnearios de nuevo estilo más cerca de Bilbao, Santander y San Sebastián los clientes de Gayangos merman. O, en el mejor de los casos, merman los de clase alta. De hecho, nos consta la ampliación del Balneario. Quizá obligados por el incendio que ocurrió a primeros de Agosto de 1895 cuyos daños ascendieron a unas 25.000 Pts.

En 1916, “por imposibilidad de seguir atendiéndole sus dueños con todo el interés que merece, dada su creciente fama y continuo aumento de bañistas”, el balneario es puesto a la venta, según consta en un anuncio insertado en Diario de Burgos. Los interesados habían de dirigirse a Julio Romero Garmendia, en Castro Urdiales, quien con toda probabilidad, era uno de los “señores Garmendia” que, como propietarios del establecimiento figuraban en 1887, según la memoria de Viejo Bacho. En el “Indicador General de la Industria y el Comercio de Burgos” de 1894 consta como propietario Dionisio Garmendia López. No era nuevo el deseo de reducir la inversión, nos consta, como mínimo, otro intento de venta en 1880 en un anuncio en “El Liberal”. Y era tal la situación que vendían todo o parte para que entrasen nuevos socios.


Cuando se anuncia el deseo de traspasar un negocio solemos maliciarnos que tiene perdidas. Las causas del declive son diversas: La primera guerra mundial, problemas políticos (el desastre de las colonias, la dictadura de Primo de Rivera), sociales (las inquietudes de las masas obreras, el anarquismo), económicos (la pérdida del poder adquisitivo, las huelgas) y sobre todo, las médicas, con la aparición y rápida divulgación de los fármacos que precipitaron la caída de la actividad balnearia. Quizá esto es lo que refleja el anuncio de 1935 donde subraya el precio como elemento atrayente.


La guerra de 1936 a 1939, una de las guerras civiles que hirieron las tierras de España, lo apuntilló. Los militares declararon los balnearios, colegios, conventos, almacenes y similares edificios de utilidad para la causa nacional. Estos edificios pasaron por centros de reposo de combatientes, hospitales de sangre, cárceles, sanatorios de tuberculosos…


En 1938 Fuensanta se convirtió en hospital de “Tísicos” y continuó como tal hasta 1945. En algún lugar próximo a Fuensanta tendremos un cementerio, olvidado, que hubo de construirse para enterrar a los casi 130 muertos del sanatorio.


Tras ello, no se pudo prolongar la vida de la Casa de Baños, probablemente porque nadie estaba dispuesto a respirar el ambiente ni compartir los muros tocados por el bacilo de Koch. En un principio ni los vecinos del pueblo querían entrar, digo en un principio porque, con los años, iniciaron el expolio de las mismas.

Desaparecieron las bañeras de mármol, las tuberías de plomo, las baldosas, las vigas…


El balneario de Gayangos llevaba 20 años muerto cuando el desarrollismo de los 60 hacía crecer segundas residencias en los pueblos de España. El 600 no pararía en su entrada.

La actual situación del edifico y su entorno no hacen justicia a lo que los viajeros decimonónicos se encontraban al llegar ante el balneario. Un artículo recogido en el Boletín de la Real Academia de la Historia en 1887:
“ (…) Al norte de la provincia de Burgos, en la carretera que conduce a Bilbao, se encuentra el establecimiento Balneario, minero-medicinal, denominado “Fuente Santa de Gayangos”, recostado sobre una colina, dentro de la Merindad de Montija. El establecimiento se encuentra cercado de un elegante jardín y hermoso paseo que sembrado de acacias, pueden los bañistas recorrer libremente todas las horas del día, aún en las de más calor, sin ser molestados por los rayos del sol, disfrutándose de una agradable temperatura.


Sus aguas dan excelentes resultados en la curación del mal de orina, en las erupciones cutáneas, en la mayor parte de los que sufren las membranas mucosas, en los vicios escrupulosos y sifilíticos, en los reumatismos y parálisis. Son claras y diáfanas, y de un olor fuerte a huevos podridos. Su temperatura es de 15-17 grados.


El edificio fue construido en 1835 y puede competir con los mejores de su clase, hallándose montado con todos los adelantos modernos debido a la actividad de su propietario Dionisio Garmendia, que no ha omitido sacrificio alguno. Además de la elegante y hermosa galería para los baños, tiene otros departamentos y cuantos aparatos son necesarios para gases, inhalaciones, pulverizaciones, duchas... El establecimiento que se comunica con la galería, consta de dos pisos con magníficos cuartos, sala de recreo, lectura, excelente comedor y piano (…)” (Presbítero Antolín Sainz de Baranda 29 de Agosto 1886)


Gayangos era un centro respetando, inicialmente centro de ocio de la burguesía bilbaína, que llegaba a Bercedo a través del ferrocarril de la Robla y de allí, tras hora y media en coche de caballos, al Balneario.

Uno de los ilustres visitantes fue el poeta Gerardo Diego (1896-1987) que acompañó a su madre en 1910.
Citemos también a don Odón de Buen y de Cos (1863-1945) naturalista de fama mundial, padre de la oceanografía española, muerto en el exilio y poseedor de grandes honores y condecoraciones internacionales y que, entre otras cosa, escribió un artículo desde nuestro balneario para la revista “Las Dominicales del Libre Pensamiento” del 19 de Octubre de 1884.


El balneario forma parte de la nebulosa de recuerdos que enriquecen la vida de los más ancianos pero esas aguas que huelen como huevos podridos continúan fluyendo.
Finalmente adjunto la descripción de 1900 que nos permitirá soñar con lo que ya no podrá ser:




BIBLIOGRAFIA
Burgos en el recuerdo 2. Elías Moreno Marcos.
HISTORIA DE LOS BALNEARIOS EN ESPAÑA: ARQUITECTURA - PATRIMONIO – SOCIEDAD. Josep SÁNCHEZ FERRÉ Arquitecto Asesor del Ministerio de Fomento
El Liberal (Madrid. 1879). 12-3-1880
Guía de los establecimientos balnearios de España por Miguel Dávila (año 1900)
Nuevo mundo (Madrid). 10-4-1925
Muestreo de las aguas de 2006.




Actualización Octubre de 2013:


Esta es la situación del Balneario el día 19 de Octubre de 2013. Finalmente ha caido.

Balneario de Fuensanta de Gayangos

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